CONSEJOS. Cuidados de la piel. Alimentación. 2ª parte: Minerales.


Lo prometido es deuda, el otro día os hablé de los beneficios del agua y las vitaminas para la piel y hoy tocan los minerales. Vuelvo a repetir que debemos cuidarnos no sólo por fuera, sino también desde nuestro interior para que se refleje en el exterior.

Minerales para la piel:

·        Selenio: Según estudios específicos,este mineral juega un rol clave en la prevención de cáncer. Tomado como suplemento o usado en crema, protege a la piel del daño causado por el sol.
Se encuentra en alimentos como: los cereales integrales, pescado, ajo y huevos.

·        Cobre: Junto a la vitamina C y el zinc, el cobre ayuda a desarrollar elastina, la fibra que sostiene a la piel desde abajo. Las aplicaciones de cremas ricas en cobre pueden ayudar a reafirmar la piel y  a recuperar algo de la elasticidad.

·        Zinc: Es importante para los tratamientos contra el acné. Tomado o usado tópicamente, el zinc aclara la piel controlando la producción de sebo y puede ser efectivo evitando la formación de las lesiones producto del acné. Las fuentes de zinc incluyen ostras, carnes magras y carnes blancas.

·         Acido alfa-lipólico: Un poderoso antioxidante, lo que lo hace tan especial según los expertos, es su habilidad de penetrar el aceite y el agua, afectando a las células de la piel desde dentro y fuera del cuerpo.

·        Ácido Hialuronico: Fabricado por el cuerpo, la principal función de este nutriente es lubricar las articulaciones para que las rodillas, codos, dedos de las manos y de los pies se muevan bien y con facilidad. También en estudios recientes se ha descubierto que juega un papel importante en las células de la piel, haciendo que la piel se vea más tersa y joven.

·         Ácidos grasos esenciales: Está indicado para las pieles secas, que se inflaman  apareciendo puntos blancos y negros. Sin un suministro adecuado de ácidos grasos esenciales, la piel produce una forma de sebo más irritante, que puede ocasionar problemas.
Este se encuentra en peces como el salmón, las sardinas y la caballa,  también en   las              semillas de linaza.





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