lunes, 28 de octubre de 2013

MIS DISEÑOS. Un vestido con tejidos asiáticos para un día muy especial


La semana pasada rescaté unas fotos de un vestido que llevé en dos bodas, en una increíble gasa de seda de  Indonesia. Ese post tuvo muy buenos comentarios, y muchas de vosotras me habéis pedido que cuelgue más de mis diseños, por lo que hoy he decidido rescatar las fotos de otro vestido que también me encanta.


Este lo llevé el mismo año en la boda de otra de mis hermanas, y el tejido también fue traído directamente de Bali (todos fueron del mismo viaje). La pena es que la deslumbrante luz de ese día hace que en las fotos el brillo del tejido que va bajo la gasa (raso celeste) se aprecie más que la propia gasa y no podáis ver realmente la belleza natural de la tela.
Para enseñároslo un poco mejor, acabo de hacerle fotos. Sed benevolentes, tened en cuenta que son las ocho de la tarde, es totalmente de noche y yo no soy una experta en fotografía.

La textura de la tela es tan fina y sedosa que se me resbalaba, lo que dificultaba mucho el corte y el montaje, aunque mereció la pena. Es también una gasa de seda, con fondo azul turquesa y unos grandes nenúfares en rosa y morado con pequeñísimas incrustaciones en plata que los perfilan.

El patrón lo compliqué bastante. El cuerpo se estructura en dos partes muy distintas. Por un lado, el pecho, realizado con un armazón de aros y espuma sin tirantes,  forrado con raso, sobre el que el  plisé a mano con una relativa simetría la suave gasa. Unido al pecho y hasta la línea de la cadera, el resto del cuerpo  que consta de siete patrones verticales en dos tejidos interiores diferentes (forro y  raso), es decir, catorce piezas. Ellos esconden entre pespuntes, dos ballenas en los laterales para que el vestido no se bajase. Sobre ellos, totalmente plisada en horizontal, la gasa de seda, con sólo un corte en el centro de la espalda.

La falda también está elaborada en tres tejidos: forro, raso y gasa de seda. Lleva una doble intención. Al ser una tela tan fina y transparente, necesitaba  darle cuerpo y embellecer las terminaciones tanto en el interior como el exterior. Utilicé muchos metros de tela, rizándolos minuciosamente. Busqué un efecto de amplitud y vuelo apreciado sobre todo en movimiento.

 Para complementarlo, adorné la cadera con una lazada de tres metros  en dos caras de satén de seda, una en rosa y  otra en morado como los dibujos de nenúfares de la gasa.